domingo, julio 06, 2008

Misterios de América





Porque la caratula y el título del disco recuerdan al comienzo de Terciopelo azul de David Lynch, y porque Anna Domino es mi cantante favorita para sonar en cualquier película de Lynch. Simplemente por eso, cada vez que oigo Mysteries of America, un disco de canciones de amor, me pregunto por qué se me ocurre pensar que sería la banda sonora perfecta para una película de sexo morboso y terror psicópata.

Terciopelo azul (Blue Velvet, 1986) es una de las mayores mascaradas firmadas por David Lynch, en la que bajo la apariencia de thriller, se representa otra historia repleta de humor negro, y con una ironía tan manifiesta (esos diálogos de enamorados, la descripción hecha a trazos vastos del psicópata Dennis Hopper -con su máscarilla de oxígeno, su bourbon, su complejo de Edipo, y toda su mala hostia-) , pero cuyo mayor acierto es que esa ironía está hecha para pasar inadvertida para los espectadores (vamos, no me vayáis a decir que os habíais creído que todo eso iba en serio). Funciona pues con un doble registro, uno más superficial, donde unos adolescentes se adentran en un escenario intentando resolver una trama de secuestros, crímenes y corrupción policial. Y uno más profundo, donde lo aparente (el amor entre dos adolescentes, la fascinación por un mundo oscuro del joven Kyle MacLachlan, testigo involuntario desde el armario de las violaciones del psicópata a la cantante de club) no es más que un territorio donde se confunde lo malvado y lo inocente, y donde la locura y la cordura son polos a veces no tan opuestos.

Vuelvo otra vez a las canciones de Mysteries of America, y pienso ahora que tal vez no se parecen a nada, ni a una película, ni a ningún disco de los ochenta, ni a ningún artista, ni a ninguna de las canciones de amor. Es entonces que me siento en el vacío, y trato de suspenderme en la banda sonora de Terciopelo azul donde suenan las canciones de Julee Cruise o de Anna Domino; y ahora que estoy suspendido en el vacío, me cuelo en la habitación de Dorothy Valens, y siento que es una música tan limpia y tan maravillosamente hecha con amor, que podría pasar sin rozarla a través de la carne de Isabella Rossellini, con su carne blanquísima, sus labios y sus tacones rojos, y su ropa interior y peluca negra. O puede que sea también peligrosa como Frank, morbosa como Beaumont, o decadente como el personaje interpretado por Dean Stockwell. Por eso Mysteries of America es un extraño canto de amor a Norteamérica, a la tierra donde hasta los psicópatas y los enfermos creen en el amor, y en la tersa belleza de la canciones de Roy Orbison, y donde los inocentes juegan a detectives, espían desde los armarios los juegos morbosos de los hombres peligrosos, y se refugian en un mundo falso donde hasta los jilgueros no parecen jilgueros. Esos son, me digo, los misterios de América de Anna Domino y de David Lynch, y de las películas de Kubrick, y de Scorsese, o de las canciones de Beach House... un mundo extraño donde hasta los asesinos y los inocentes se encuentran, donde hasta los enfermos como Dorothy Valens se sienten atraídos por los cielos azules, y por la inocencia adolescente, y los inocentes como Beaumont sucumben al tacto del terciopelo y de las peligrosas habitaciones moquetadas. Un mundo extraño donde incluso las películas de David Lynch tienen un final feliz.




En el mundo ideal de David Lynch deberían sonar las canciones de Anna Domino, Virginia Astley, Kate Bush, Antena o Cocteau Twins. Las habitaciones de Terciopelo Azul, Mulholland Drive, Carretera perdida, o Inland Empire se ventilarían, y el aire se renovaría en una atmósfera limpia de maravillosas canciones. Pero eso debería decírselo su psicólogo. No yo.

sábado, abril 26, 2008

Películas decadentes favoritas II: Lunas de hiel


Aviso, polanskianos: Lunas de hiel es la obra maestra del maestro Roman Polansky, por encima incluso de obras maestras de lo fantástico como El quimérico inquilino, La semilla del diablo, La muerte y la doncella, o Repulsión (de otro género es Chinatown). Ahora os diré por qué:

Todas las películas de Polansky que me gustan son siempre exageradas, inverosímiles, y por eso nos gusta etiquetarlas de fantásticas a veces, de terror otras. En realidad, son comedias de terror que exploran la angustia de no poder distinguir lo que es real o es falso, o cuando lo doméstico es asaltado por fuerzas oscuras, terroríficas, en una paranoia de dimensiones grotescas. En El quimérico inquilino (Le locataire), Trelkovski (interpretado genialmente por el propio Polansky), es poseído hasta la locura por el espíritu suicida de la anterior inquilina; En Repulsión, las fobias sexuales de Catherine Deneuve se sintetizan en una imagen terrorífica final: un simple retrato de familia; o el terrorífico embarazo de Rosemary (una demacrada Mia Farrow), y los pactos con el diablo de su marido (John Cassavettes), en el entorno demencial de un edificio (nada menos que el edificio Dakota) en La semilla del diablo (Rosemary's Baby).

En Lunas de hiel, la farsa y los excesos grandguiñolescos son todavía mayores, aun cuando no se trata de ninguna película de terror. Ésta es la historia: Nigel (Hugh Grant) y Fiona (Kristin Scott Thomas) son un matrimonio en crisis que emprenden un viaje en barco para reflotar su relación, hasta que él es obligado a convertirse en el oyente de una turbia historia por parte del parapléjico Oscar (un genial Peter Coyote). Y aquí comienza la maravillosa farsa: Oscar no es más que un farsante, un voyeur que introduce a su conejillo de indias en una historia turbia. Oscar le narra a Nigel con fuegos de artificio de pacotilla su patética historia: la del seductor maduro que se ve sometido ahora a Mimi (interpretada por Emmanuelle Seigner), mitad ángel mitad demonio, a la que sedujo primero y luego, cuando los juegos sadomasoquistas terminaron hastiando la relación, terminó abandonando para poder continuar la caza de nuevas amantes e intentar escribir la novela con la que abandonar el papel de escritor frustrado. Bueno, no cuento mucho más por si alguno no la ha visto: ella asumirá quedarse con el rol de criada con tal de que él no la abandone... hasta que la diosa fortuna haga una de sus bromas, dando un giro perverso a esta relación. Ésa es más o menos la historia que Oscar le narra a un cada vez más escandalizado (primero) y excitado (después) Nigel. Pero ¿es ésa la verdadera historia? ¿Qué es lo que sabemos realmente? sabemos que el palurdo de Nigel se ve atraído por el demonio de Mimi conforme cae en manos del prestidigitador y narrador de historias de erotismo barato Oscar; sabemos que Fiona es testigo, entre la zozobra del barco, del ridículo descenso de su marido por las aguas oscuras de la infidelidad, y que ella, si quisiera, interpretaría mejor el papel que el zoquete de su marido. También nos preguntamos cuál de los dos (Mimi u Oscar) es el verdadero mago de la farsa, y asistimos a la periódico intercambio de papeles de ambos o mascarada entre víctima y verdugo.

Así que hemos visto la película y podemos preguntarnos ¿qué es lunas de hiel?... ¿es sólo una historia de sexo turbio, sadomasoquismo y venganzas? ¿Es Mimi la fuerza oscura que mueve la historia desde el momento que la vemos inventar extraños juegos sadomasoquistas, o es sólo la víctima de un amante irresponsable? ¿Es ella la urdidora del último juego secreto -la suma de sus delirios sadomasoquistas a costa de un pobre infeliz- ideado por ella, o un simple personaje en el papel de vampiresa de la frustrada novela de Oscar? ¿Es la historia, con su rocambolesco final, el pésimo guión ideado a dos manos por Mimi y Oscar, o es un desliz de Polansky cada vez que se le va de las manos esta historia (cada giro en la trama, cada arrebato, tiene la huella de un fingimiento, de un exceso). No, no... es mucho más que eso. Aunque el espectador pueda seguir la trama como si lo que ocurre en la historia fuera verdad, o aun cuando pueda dudar de todo lo que ve, de cada cosa que ocurre, debería seguir preguntándose ¿qué es Lunas de hiel?...

En La semilla del diablo el espectador sólo se preguntaba si estaba sometida Rosemary a una conjura satánica o si eran simples delirios de una paranoica embarazada, y en El quimérico inquilino a veces dudamos si está más loca la comunidad de vecinos o lo está el pobre Trekolvski. En Lunas de hiel, el sentido de irrealidad es mucho mayor que en esas películas, ya que compromete al propio espectador, y éste, como Hugh Grant, se convierte también en una pieza del juego (un juego dentro del juego), y tiene reservado su pequeño papel en esta farsa. No sabemos pues si el narrador ha soñado también nuestro papel o si sólo somos testigos de esa pesadilla vivida por este parapléjico voyeur. Creedme polanskianos, esta vez Polansky nos ha tomado el pelo con esta obra maestra.

martes, abril 08, 2008

Ronroneando de Sr. Chinarro




Como tengo merecida fama de vago, y en vista de que mi casera amenaza con cerrarme la cuenta (le debo varias mensualidades), me he propuesto publicar algunas de mis críticas en Rate Your Music (son pocas, faltaría más), y así reformo poco a poco esta humilde casa


Ronroneando by Sr. Chinarro : Reviews and Ratings - Rate Your Music


Me han gustado "Los Ángeles" y "La resistencia". Son pocos goles, por lo que baja el listón de las temporadas pasadas. Quiere decir también que aquí le sienta mejor el rollito The Cure, y algo peor el traje de feria, el bolero de San Antonio, la copla poguera, y el deje forzado andaluz. Y adiós al alegato meridional del disco anterior, que le sentó tan bien.

Crítica adicional a la anterior (tras una segunda oída):

Cómo ha mejorado el sonido de Sr Chinarro en los últimos años no debe escapársele a nadie con un poco de sentido. Dejo claro que yo me hice devoto con su etapa de finales de los noventa, y que valoro su resurrección pop de sus tres últimos discos. Aunque éste me parece el hermano feo de los tres (El fuego amigo y El mundo según), hay que reconocerle que tiene un par de canciones que pasan quizá por encima de todas las de esos dos discos. Pero este disco también está a la altura en otra cosa: que Antonio Luque ha encontrado el tono adecuado, sosegado, sin tanta urgencia, para ir modelando el tono de sus canciones, acercándolas a la idea de crear algo así como un pop español, que es algo que debe ser dificilísimo visto lo que hay. ¿Y que entiendo yo por un pop español? Pues al pop que no sea excesivamente subalterno del pop anglosajón, algo así como recuperar parte de esa voz que se gestó a mediados de los ochenta, superada la borrachera de la nueva ola, y que pudo llegar a más, a mucho más, si no estuvieramos huérfanos entonces de buenos grupos. Todo rezuma a mi entender el espíritu de ese pop de los ochenta, buscando esa conexión que se perdió a comienzos del los noventa y el descaro noise pop. "Los Angeles", "Los amores reñidos", "Anacronismo", y sobre todo, la maravillosa "La resistencia", son canciones que heredan su amor por la música inglesa de los ochenta pero con ese valorable esfuerzo por hacer un pop con identidad.

"Todo lo sagrado tiene la sustancia de los sueños y los recuerdos"
Mishima

Excurso: si tuviera que mencionar un grupo hermanado con ese sentimiento, me atrevería con The National (lástima que ni canten en español ni sus discos estén a la altura de su ep "Mistaken for strangers").

En 2007, Los Planetas y Sr Chinarro escribieron uno de los momentos más hermosos de la historia de nuestro pop español. No sé si a Antonio Luque le ha incomodado un poco ver estampada su firma en esa especie de alegato meridional o es que ha querido reinterpretarlo a su manera (ya sin la ayuda de J de Los Planetas). En el disco hay desde luego estampas recurrentes de su folclore querido y aventuras musicales insólitas, que me ha hecho dudar algo de la valía del disco (subo la apuesta al 3 y medio), pero me arrodillo ante una canción tan hermosa (al igual que Ángela de su anterior) como "La resistencia".

lunes, abril 07, 2008

Películas decadentes favoritas. I

Boogie Nights (1997)





Comienzo un apartado de una serie de recomendaciones de películas maravillosas e hiperdecadentes de esas que dan ganas de ver un sábado por la noche, cuando todos tus amigos han optado por salir, y tú no tienes ganas porque: a) Llueve o ventea o hace frío b) aún le debes dinero a tu hermana, y amenaza con chivarse a tus padres con algún sonrojante episodio clandestino, si no se lo devuelves ya... con intereses c) la cena te ha sabido asquerosa porque aún te dura la resaca del viernes d) eres como yo, y ya te sientes mayorcito para irte todos los sábados de copeo. Bueno, cualquier pretexto es bueno para ver una película de uno de mis directores favoritos: Paul Thomas Anderson (director de la magnífica Magnolia). Para los que no la hayan visto, debo decirles que es un homenaje al cine porno de los setenta, y a la crisis de esa industria a finales de los setenta y comienzos de los ochenta con la irrupción del formato vídeo. Y para los mitómanos, decirles que encontrarán aquí reunidos a la cantera de los grandes actores de nuestra generación (cito de memoria, que tiene más mérito: Phillip Seymour Hoffman, Julianne Moore, John C. Reilly, William H. Macy, Melora Walters, Alfred Molina o Heather Graham... y por supuesto ¡Dirk Diggler! (Mark Walberg), y Burt Reynolds (¿o era Tom Selleck? Siempre los confundo, da igual).



Comprobado: Burt Reynolds, no Tom Selleck

Aviso: la película es de lo más deprimente que veréis nunca, aunque, al igual que ocurre en Magnolia, de forma menos expresa, mantiene siempre un tono y una mirada paternal y cariñosa y, sobre todo, muestra un gran ingenio en recrear con mucha gracia y sincero homenaje (nada de reírse a lo listillo como nos tienen acostumbrado tantos seudoartistas cool y programas televisivos de ahora) a una época dorada, donde había tantas ganas de hacer cosas y tanta inocencia. Es el equivalente a las canciones de Abba, al sonido Philadelphia o el pop sintético de los ochenta. Yo la he visto al menos quinientas veces (bueno, algo menos, tres o cuatro veces), y cada día me parece más patética y me vuelve más loco. ¿Escenas memorables? bueno, el encuentro entre los personajes de Walberg y Reilly, y sus rápidas conexiones intelectuales (levantamiento de pesas, saltos a la piscina...); o los intentos de estos actores por hacer series de películas de acción con pretensiones autoriales (¡el genial Brock Landers!) y por entrar en el negocio de la música (que recuerdan tristemente al que tuvieron Pancho y Javi de verano azul); las idas y venidas del actor negro, interpretado por Don Cheadle (un tipo obsesionado con el country!!!) por montar un negocio de equipos de música estéreo; o los chanchullos en la casa de Alfred Molina envuelta en un espeso aroma de retrolux, es decir, iluminación de peli porno ochentera, atronadora música AOR también de los ochenta -sí, de esas con hombreras enormes y puño levantado- , chaquetas blancas sin abotonar, y criados asiáticos que explotan petardos de a cincuenta... y mucha coca, por supuesto.

Os dejo una escena de esas películas de calidad del genial Brock Landers y su escudero fiel que os he mencionado, para que no digáis que soy un exagerado. No os perdáis el minuto final y la pinta escandalosa de John C. Reilly (¿como se mete un vídeo de Youtube?, un segundo, que investige y ahora os lo pongo...)



Vale, al final era fácil pero he tenido que pedir ayuda para embeberlo (como se dice ahora)

Otra cosa: La música, y las canciones, como siempre en las películas de Anderson, son chulísimas: entre otras, suenan el "God Only Knows" de The Beach Boys, o el "Livin' Thing" de la ELO y, claro, mucha música soul y disco de los 70. Y como viene mostrando en todas sus películas (Magnolia, Punch-Drunk Love, o There Will Be Blood), es uno de los directores con más sentido musical del presente, en un sentido amplio: montaje, ritmo, música, bla, bla, bla (al fin y al cabo, no quiero que se note que de cuestiones técnicas no tengo ni idea). Nada más, os recomiendo de corazón que la veáis, seguro que la tiene algún videoclub cercano (si no, os la compráis, qué coño). Y, por supuesto, vedla un sábado por la noche.




¡Qué pinta tenía Phillip Seymour Hoffmann (el de la izquierda)!

lunes, febrero 04, 2008

Otros tres escritores excéntricos

Juan José Arreola

Mexicano, y como muchos otros escritores mexicanos (tres buenos ejemplos son Paz, Pitol o Monsiváis), su torrente sanguíneo está mezclado de una cultura donde conviven lo fantástico y lo maravilloso, lo pagano y lo religioso en una farsa notable que se auxilia, hasta la médula del absurdo, en el judeocristianismo, los fabularios, las coplas, o la alienación mercantilista. Así, toda esa antropología se enreda en su verbo exuberante, cómico, que rastrea bajo nuestra herencia literaria, su subsuelo absurdo, barroco, carnavalesco, creando una cosmología imposible, donde se citan Kafka (aunque en Arreola deriva en un humor más transparente), o Góngora (véase el sampleado en "Los alimentos terrestres").



Marcel Schwob

Un escritor enfermo sabe a veces que una de las cartas que posee para vencer a la muerte es la libertad de su escritura. Escritor amado por Arreola, por Borges por Bolaño o por Stevenson (ambos sempiternos enfermos, y buscando el reposo en las islas del Pacífico, ambos enamorados de Villon, otro escritor maleante, poeta maldito, al que Stevenson homenajeó en un hermoso cuento). En Vidas imagiarias, también hay otros malditos, otros muertos de hambre que salen a escena en esta celebración de la libertad que gustará a los que gusten de Borges pero que le echen en falta la desvergüenza o incorrección de Bolaño. Porque esa caída libre en la imaginación que asombra en este corta obra recuerda mucho al alucinante mundo de Roberto Bolaño, donde cada palabra o cada frase cabalga enloquecida de vida, se encadena con pasión y libertad sintiendo la osadía de estas vidas al límite. Y lo edita Valdemar por si no lo saben.


Emmanuel Bové


Decía Samuel Beckett que cuando uno se escucha lo que se oye no es literatura. Emmanuel Bové (una debilidad del propio Beckett, o de Vila-Matas, que nos lo recomendó en una de sus novelas, y que es otra razón para leer a Vila-Matas, que no me canso de repetirlo) tenía ese hermoso sentido del detalle para desnudar nuestra mente atravesada de temores y pensamientos vergonzosos, por el espanto de sentirnos un cuerpo al que hay que mover, que ocupa un espacio que no escapa a la mirada de los otros, que amenaza con delatarnos. Somos, en esencia, seres ridículos. Mis amigos, su más conocida novela, narra la vida de un flaneur, de un pobre hombre que sólo "quiere parecese a todo el mundo", tener algún amigo, o alguna amante. Es impresionista porque está atravesada por esa luz que rasga toda impresión de realidad, de fugacidad o apariencia. O es surrealista por la forma de estampar en imágenes ese flujo de la conciencia. O por tirar más el hilo de cierta pedantería mía, precede a los postestructuralistas como Foucault o Bourdieu al mostrar que gran parte de los significados sociales y de la estructura del pensamiento se fundamentan en reglas violentas. Sin embargo, la lectura de esta magnífica obra nos invita a reflexionar sobre la belleza de los significado puros, no mediatizados por otros significados, de atreverse a tocar ese núcleo vital en el que cada cosa existe por sí misma, donde no importa lo que nos están contando, o sucediendo, sino sólo el vaivén de nuestra vida suspendida en un momento que tiene tanto de ridículo como de mágico.


domingo, octubre 14, 2007

Exploradores del abismo

Titula Vila-Matas su última obra, una colección de cuentos sensacionales, cuya obra maestra del ilusionismo es el último relato: "Porque ella no lo pidió", sobre alguien deseoso de convertise en el personaje de una ficción o de convertir a alguien real en un personaje de relatos, o las dos cosas a la vez. Es un relato impresionante sobre cómo desaparecer en la literatura. Un relato de misterio, sobrenatural, de horror y de humor (porque el mejor horror nos da risa, al igual que Polansky se reía con su risa horrorosa sobre las ruinas de su vida).

Miento, no es un relato de horror, o sí, sí que es un relato de horror si un médium es capaz de conseguir materializar un espíritu y, al mismo tiempo, es capaz de convertir en fantasma a un ser real. Vila-Matas es ese médium, es el huésped oculto en la casa de otros, es el asesino de lectores que pasan por la vida creyendo que sus vidas son reales, y es a la vez el asesinado por sus personajes, en un final de novela negra donde todos los personaje son los asesinos, con las notas criminales de la música de Glenn Gould, Thelonious Monk, y Miles Davis, y ahora vive entre las sombras de la literatura, con su vida de fantasma suspendida en la nada. Como Maurice Forest-Meyer, es un equilibrista en la literatura de la vida, un explorador del abismo.

Yo admiro a Vila-Matas porque no conozco a ningún escritor que haya imaginado o creado ese abismo de la manera que él lo hace, pues nadie como él es capaz de conciliar esa negación del mundo con abierta insurrección alegre, de emborracharse de aventuras con sus despojos. Sólo un humor como el suyo es capaz de convertir a todos los enfermos melancólicos y negativos en personajes excéntricos, capaz de asesinar a sus personajes y dejarse asesinar por ellos. El abismo en Vila-Matas no es la densa oscuridad de los nihilistas, ni la risa enferma de gozo al borde del precipicio de los escritores lunáticos, ni el abismo entre la literatura y la realidad que sentía Borges, ni una máquina de horadar la realidad y después carcajearse sobre su pozo negro como Thomas Bernhard; el abismo de Vila-Matas es una puerta falsa que señala el paso entre la locura de la vida real y la alegría de desaparecer de esa misma realidad, el doctor Pasavento que todo psicótico debería llevar dentro. Un ilusionista capaz de subvertir el dolor de los locos como Walser, los delirios sobre la pared ciega de Bartleby, el malditismo de todos los escritores malditos que existen en el mundo remedando las neurosis de Kafka.

A Vila-Matas todo el malditismo le gusta, le encanta y le produce risa, al igual que el satanismo infantil de los surrealistas (que haría reír hasta a Chesterton). Le gusta, y se ríe, y luego escribe, y asesina. Vila-Matas, estás loco, sí. Como diría Jack Lemmon a Walter Mathau, yo seré un neurótico, pero tú estás loco... y me río, y me río, y me río...

miércoles, agosto 08, 2007

Regreso


Hola de nuevo a todos, y perdón por no dar señales de vida, ... "Hola Kiriakov, dónde te habías metido?... "anda, anda, si es Kiriakov"... "mira, mamá, Kiriakov ha vuelto"... bueno, tranquilos, que me abrumáis. Os voy a decir dónde me había metido, aunque no sé si me vais a creer, es que es tan sorprendente que ni yo mismo me lo creo. He hecho un viaje... bueno, es que cada vez que lo pienso me dan escalofríos, vamos, es que ni lo imagináis... ya os contaré, ya os contaré...


En fin, como he visto que estabais un poco aburridos desde que no tenéis noticias mías, y como protesta por lo poco que duraron los ochenta (sólo diez años, es que es de vergüenza), y el poco caso que se les hace a los suecos en Eurovisión (desde lo de aquellos cuatro horteras en chándal y que todo el mundo se tragó que eran dobles parejas), me había propuesto recomendaros un poco de música que viene de allí, de los países nórdicos, y de los ya lejanos ochenta. Sí, como Freddie Krueger, vuelven los ochenta una y otra vez para aterrorizar el sueño de los niños...

The Knife "Silent Shout"(2006) . Dúo de hermanos suecos que van de incógnito y hacen unas canciones deliciosamente bizarras que suenan a techno ochentero con una pizca de Kate Bush, Bjork y el espíritu cachondo de the Moldy Peaches. Gustan a mucha gente, lo cual es un buen síntoma de que la gente es en el fondo... rarita, rarita.





Blood Music "Sing a Song Fighter" (2005). Un chico sueco vegetariano con una colección de canciones inspiradas en la cocina mediterránea. El disco también es bastante interesante. Son canciones poco exigentes, que no piden demasiada antención, así que viene bien cuando uno está algo saturado. De todos modos, si se le presta atención es bastante sorprendente. Es lo que la gente fina llamaría avant-pop.

The Radio Dept "Pet Grief"(2006). Maravillosos. Sus canciones transmiten inquietudes parecidas a los grupos que suenan hedonistas y melancólicos a la vez, tipo The Field Mice o los españoles Family.



Unai "A Love Moderne"(2006). Sueco, que no vasco. Electrónica pop, muy, muy bonita, y nada incómoda de oír, salvo que no os guste nada la música electrónica, claro. Si queréis saber más lo miráis en la Britannica, que yo no puedo perder más tiempo... vagos, que sois unos vagos.

Peter Bjorn and John "Writer's Block"(2006) . Interesantes. En Roland Garros llegarían a octavos si no fuera porque no saben jugar al tenis. Su estilo es más pop, pero con un toque de caserismo retro a lo Human League. Podéis escuchar en Youtube o Myspace si os place su canción "Young Folks", la más bonita (pero no la única) del disco.



Jens Lekman "Oh, You're So Silent Jens" (2005). Buen chico, seguro. Se parece a The Magnetic Fields cuando está alegre, y cuando está tristón... ¿a Perry Blake?



The Kings of Convenience "Riot on an Empty Street"(2004). Uno de los discos pop más bonitos que se han hecho nunca, suenan como unos inspirados Simon and Garfunkel o -esto lo leí por ahí- a un soleado Nick Drake.

Maps "We can create"(2006). Éste no es sueco, sino mancuniano... pero como es otro disco de inspiración ochentera al que me enganchado, pues lo cuelo aquí... si os acostumbráis a su deje y a su sano reciclaje, os puede enganchar.



Una última recomendación: Call and Response. Tampoco son suecos, pero me han estado dando la lata este verano con su primer disco, desde que me lo regalaron en la tienda de Green Ufos (cerrada desde que abrieron un FNAC en la ciudad) . Y como los conoce poca gente les hago el favor de recomendarlos aquí.

Bueno, no me diréis que no es chula la selección que os hecho (más que la de Luis Aragonés). Discos para retorceros de nostalgia y alegraros la vida. Y para aquéllos que ya sean demasiado alegres o a los que no les guste la música pop, siempre pueden tomarse una ración de filosofía kierkegariana que es muy recomendable también para leer en la playa después de jugar a las palas y pasear por la arena. Besitos a todos.