sábado, abril 26, 2008

Películas decadentes favoritas II: Lunas de hiel


Aviso, polanskianos: Lunas de hiel es la obra maestra del maestro Roman Polansky, por encima incluso de obras maestras de lo fantástico como El quimérico inquilino, La semilla del diablo, La muerte y la doncella, o Repulsión (de otro género es Chinatown). Ahora os diré por qué:

Todas las películas de Polansky que me gustan son siempre exageradas, inverosímiles, y por eso nos gusta etiquetarlas de fantásticas a veces, de terror otras. En realidad, son comedias de terror que exploran la angustia de no poder distinguir lo que es real o es falso, o cuando lo doméstico es asaltado por fuerzas oscuras, terroríficas, en una paranoia de dimensiones grotescas. En El quimérico inquilino (Le locataire), Trelkovski (interpretado genialmente por el propio Polansky), es poseído hasta la locura por el espíritu suicida de la anterior inquilina; En Repulsión, las fobias sexuales de Catherine Deneuve se sintetizan en una imagen terrorífica final: un simple retrato de familia; o el terrorífico embarazo de Rosemary (una demacrada Mia Farrow), y los pactos con el diablo de su marido (John Cassavettes), en el entorno demencial de un edificio (nada menos que el edificio Dakota) en La semilla del diablo (Rosemary's Baby).

En Lunas de hiel, la farsa y los excesos grandguiñolescos son todavía mayores, aun cuando no se trata de ninguna película de terror. Ésta es la historia: Nigel (Hugh Grant) y Fiona (Kristin Scott Thomas) son un matrimonio en crisis que emprenden un viaje en barco para reflotar su relación, hasta que él es obligado a convertirse en el oyente de una turbia historia por parte del parapléjico Oscar (un genial Peter Coyote). Y aquí comienza la maravillosa farsa: Oscar no es más que un farsante, un voyeur que introduce a su conejillo de indias en una historia turbia. Oscar le narra a Nigel con fuegos de artificio de pacotilla su patética historia: la del seductor maduro que se ve sometido ahora a Mimi (interpretada por Emmanuelle Seigner), mitad ángel mitad demonio, a la que sedujo primero y luego, cuando los juegos sadomasoquistas terminaron hastiando la relación, terminó abandonando para poder continuar la caza de nuevas amantes e intentar escribir la novela con la que abandonar el papel de escritor frustrado. Bueno, no cuento mucho más por si alguno no la ha visto: ella asumirá quedarse con el rol de criada con tal de que él no la abandone... hasta que la diosa fortuna haga una de sus bromas, dando un giro perverso a esta relación. Ésa es más o menos la historia que Oscar le narra a un cada vez más escandalizado (primero) y excitado (después) Nigel. Pero ¿es ésa la verdadera historia? ¿Qué es lo que sabemos realmente? sabemos que el palurdo de Nigel se ve atraído por el demonio de Mimi conforme cae en manos del prestidigitador y narrador de historias de erotismo barato Oscar; sabemos que Fiona es testigo, entre la zozobra del barco, del ridículo descenso de su marido por las aguas oscuras de la infidelidad, y que ella, si quisiera, interpretaría mejor el papel que el zoquete de su marido. También nos preguntamos cuál de los dos (Mimi u Oscar) es el verdadero mago de la farsa, y asistimos a la periódico intercambio de papeles de ambos o mascarada entre víctima y verdugo.

Así que hemos visto la película y podemos preguntarnos ¿qué es lunas de hiel?... ¿es sólo una historia de sexo turbio, sadomasoquismo y venganzas? ¿Es Mimi la fuerza oscura que mueve la historia desde el momento que la vemos inventar extraños juegos sadomasoquistas, o es sólo la víctima de un amante irresponsable? ¿Es ella la urdidora del último juego secreto -la suma de sus delirios sadomasoquistas a costa de un pobre infeliz- ideado por ella, o un simple personaje en el papel de vampiresa de la frustrada novela de Oscar? ¿Es la historia, con su rocambolesco final, el pésimo guión ideado a dos manos por Mimi y Oscar, o es un desliz de Polansky cada vez que se le va de las manos esta historia (cada giro en la trama, cada arrebato, tiene la huella de un fingimiento, de un exceso). No, no... es mucho más que eso. Aunque el espectador pueda seguir la trama como si lo que ocurre en la historia fuera verdad, o aun cuando pueda dudar de todo lo que ve, de cada cosa que ocurre, debería seguir preguntándose ¿qué es Lunas de hiel?...

En La semilla del diablo el espectador sólo se preguntaba si estaba sometida Rosemary a una conjura satánica o si eran simples delirios de una paranoica embarazada, y en El quimérico inquilino a veces dudamos si está más loca la comunidad de vecinos o lo está el pobre Trekolvski. En Lunas de hiel, el sentido de irrealidad es mucho mayor que en esas películas, ya que compromete al propio espectador, y éste, como Hugh Grant, se convierte también en una pieza del juego (un juego dentro del juego), y tiene reservado su pequeño papel en esta farsa. No sabemos pues si el narrador ha soñado también nuestro papel o si sólo somos testigos de esa pesadilla vivida por este parapléjico voyeur. Creedme polanskianos, esta vez Polansky nos ha tomado el pelo con esta obra maestra.

1 comentario:

Ana dijo...

Esta película creo que fue de las que más me impresionó durante mi adolescencia. Todavía recuerdo que la vi en casa en uno de esos programas de madrugada que sólo veía cuando mis padres no estaban. Sin duda, Luna de Hiel y La Semilla del Diablo, son mis preferidas de Polanski.

Un saludo.