domingo, junio 04, 2006

Siete escritores excéntricos

Recordando estas palabras de Sergio Pitol sobre el escritor excéntrico frente al escritor vanguardista se me ocurrió el tema de hoy. El canon no le estorba ni tratan de transformarlo. Su mundo es único, y de ahí que la forma y el tema sean diferentes. Las vanguardias tienden a ser ásperas, severas, moralistas; pueden proclamar el desorden, pero al mismo tiempo convierten ese desorden en algo programático. Les encantan los juicios; son fiscales; expulsar de cuando en cuando a un miembro es considerado como un triunfo. Excluyen el placer. Al combatir contra el pasado o un presente que repelen su escritura se carga de pésimos humores. En cambio, la escritura de un excéntrico casi siempre está bendecida por el humor, aunque sea negra.

Ahí os dejo mi modesto tributo a unos cuantos excéntricos a los que he ido descubriendo en mi camino por los libros.

Flann O'Brien. At-Swim-to-Birds

No se sabe lo que más sorprende de esta obra (traducida al español En nadar dos pájaros o Dos pájaros a nado, si el asombroso laberinto narrativo, el lenguaje chiflado y ridículamente solemne, o la parodia absurda que contiene. Un estudiante de Dublín escribe un libro sobre un tabernero que escribe otro libro sobre unos personajes que cobran vida propia (aprovechando que el autor duerme por las drogas que éstos le suministran), y cuentan historias de los tiempos pasados (donde los personajes también cobran vida propia y cuentan otras historias) y, finalmente, componen un relato en el que se somete al autor a tormento y juicio. Vamos, más enrevesado que los guiones de Charlie Kauffman. La novela más absurda que podáis imaginar, donde se parodian todos los géneros de la existencia: el tradicionalismo, el lenguaje de la mitología irlandesa, la poesía social, el pensamiento filosófica, los juicios... Conocemos a personajes que nacen del vientre materno ya adultos, a un escritor de libros de vaqueros al que roban las vacas los personajes de otros autor de libros de vaqueros, Hados buenos que no tienen con qué pagar cuando pierden al póquer, reyes malditos que vuelan a los árboles...

Richard Brautigan. El Monstruo de Milhawke

De este escritor no diré nada salvo que leáis este western de fantasmas totalmente absurdo y que publicó anagrama hace muchos años. Desternillante.

Donald Barthelme. 40 Relatos

40 relatos extrañamente humorísticos, absurdos, excéntricos en su superficie pero bajo la que fluye una violencia soterrada, silenciosa, pero que no explota, que nos produce ese extrañamiento. En Bartheme el tema del relato parece ser el propio lenguaje, que en nuestra época se nos aparece totalizador, lo engloba todo: el trabajo, la riqueza, el éxito, la familia, el poder, el bien común. Una ceremonia de los objetos cotidianos, a veces demasiado visibles, transparentes; a veces alejados, extraños. Los relatos de Barthelme parecen pugnar por devolver ese sentido a las cosas extrañas, y eludirlo en las cosas cercanas. Violencia y mito enfrentados, la lógica y el sentido común amenazados, donde la verdad común que se nos revela diariamente (ya sea en un anuncio publicitario, en un discurso, una entrevista, un libro de texto, una situación), parece detenerse, congelarse, reacia a otorgarnos su sentido.

Felisberto Hernández. Nadie enciende las lámparas

Hace mucho tiempo, leía yo un cuento en una sala antigua. Este comienzo estupendo ya nos suspende en el tiempo del relato, en su profundidad, en su lejanía y cercanía, en el carácter cercano y extraño (o fantasmal) de los personajes. En un murmullo de cosas que cobran vida a medida que entran en relación con las personas (como en su soberbio relato El balcón), texturas y colores extraños como los de una casa con fantasmas. Una vez entrado en el universo de los relatos de Felisberto, asombra el movimiento del relato, su tempo, su musicalidad, que nos cuenta cómo el personaje intentan leer un relato (un relato dentro de un relato, pues), pero su mirada se distrae entre las cosas y las personas de la sala. En ese ritmo vamos percibiendo dos mundos paralelos dentro del cuento: el relato y los personajes del relato que narra el protagonista, y el propio cuento donde viven el narrador del cuento y los oyentes de la sala. Lo terrorífico es que los personajes del cuento parecen cobrar vida, mientras que los que oyen el cuento parecen cobrar muerte. Y cuando despiertan tras el cuento, los oímos hablar, pero ya sus gestos son incomprensibles, extraños, pues hemos quedado atrapados en la profundidad del otro cuento. Los invitados empezaron a irse y los que quedamos hablábamos en voz cada vez más baja a medida que la luz se iba. Nadie encendía las lámparas.

Sergio Pitol. Los mejores cuentos

Parece que con Pitol se nos revela el secreto de la literatura o quizá la impresión mágica que ésta produce: el acto asombroso de que nos recoja (hacia dentro, como un refugio del exterior), y nos explique (ese mundo exterior). Sus cuentos, que nacen del misterio alquímico de la literatura, son difíciles, extraños, donde la significación básica (el espacio, el tiempo, los personajes, la situación) se nos revela de forma oscura, oblicua, como relatos enterrados en otros relatos, y donde sólo podemos avanzar bajo ese efecto extraño, alucinógeno. Mi favorito es el llamado Nocturno de Bujara, que recomiendo leer con música (¿Que qué os recomiendo? El disco Crèvecoeur de Daniel Darc).

Enrique Vila-Matas. Historia abreviada de la literatura portátil

En mi selección de excéntricos no podía dejar de faltar este escritor del que ya he hablado en otra ocasión. Al igual que ocurre con Pitol (maestro y alumno, o al revés), la literatura parece contener todo el universo. Y mi recomendación absoluta es esta Historia abreviada de la literatura portátil donde pululan los escritores Shandys héroes de una batalla perdida que es la vida, amantes de la escritura cuando ésta se convierte en la experiencia más divertida y también la más radical. En su conjura de esta sociedad secreta recorremos las ciudades literarias de la Zurich de Cabaret Voltaire y Dadá, Port Atif (en el río Níger), Viena, Praga (con sus odradeks, Golem y otras criaturas), Trieste, París, el Banhoff Zoo (o el submarino del príncipe Mdivani, un fumadero en el fondo del mar), y Sevilla (con Crowley clausurando y dispersando la Sociedad Secreta Shandy en el homenaje a Cernuda en el Ateneo en 1927).

Thomas Bernhard. El sobrino de Wittgenstein

Nuestro último escritor no sé si es un excéntrico. El escritor vienés puede pasar por neurótico, misántropo, amargado, narcisisita, o lo que queráis pero tal vez no por excéntrico. De todos modos, tengo motivos para que aparezca en la lista, entre ellas algunas de sus obras como El sobrino de Wittgenstein (aunque mi favorita es tal vez Tala), asombrosas en su humor grotesco.
Toda su obra es un alegato contra la horrible justificación de la vida, un buen antídoto contra el conformismo moral, y del que voy a destacar cuatro aspectos o facetas de su obra:
1. El Bernhard musical, que compone más que escribe sus novelas. Como una obra de cámara, en su obra abundan los monólogos, los solos, las repeticiones, las variaciones, los contrapuntos. Es una escritura obsesiva, reiterativa, atonal, sin puntos y apartes, ni párrafos, que obliga casi a leerla de un tirón como si asistiéramos a un patético concierto.
2. El Bernhard teatral, ya no sólo del teatro culto, sino también del teatro del guiñol o el de marionetas, donde predomina el humor grotesco, deformador, caricaturesco, hiperbólico.
3. El Bernhard político o el Bernhard antiburgués (aunque elitista). En casi todas sus novelas vemos la identificación Estado=Austria=IglesiaCatólica=Nacionalsocialismo, en la que fustiga el arte y la cultura (el arte y la cultura de Estado, o de la burguesía, o de los funcionarios), incluso los valores (el amor, la educación...) como valores del Estado, y por tanto falsificados, cursis, objetos muertos.
4. El Bernhard filosófico (heredero de Pascal, Voltaire, Schopenhauer), en la que abundan oposiciones fundamentales para entender la obra de Bernhard: el arte y la naturaleza, el espíritu y el cuerpo, la enfermedad y la salud, la ciudad y el campo pero que no permite ninguna elección, pues cualquier elección siempre conduce a la aniquilación.

Bueno, espero que colaboréis ampliando este pequeño catálogo de excéntricos, y de paso me animéis a conocer a otros. En otra ocasión podríamos hablar de cineastas excéntricos (empezando por Paul Thomas Anderson, Wes Anderson, John Waters, Todd Solondz o Spike Jonze), o de músicos excéntricos (como mis admirados Kiko Veneno, Sisa, Adam Green o Disco Inferno) o personajes de otra calaña.

7 comentarios:

Gadda dijo...

Hoy (domingo 4) en El País-Cataluña, Vila-Matas habla casualmente de lo mismo. Parece una excentricidad más:



4
Después de estudiar a fondo el tema general de los raros, uno se pregunta si vamos a encontrarnos con ellos en el juicio final o son tan raros que ni acudirán. Tengo la respuesta. El famoso visionario sueco Swedenborg (raro entre los raros) dice, en Doctrina novae Hyerosolymae, que el juicio final ya ha pasado, tuvo lugar el 9 de enero de 1757.

5
No confundir a los raros con los vanguardistas. Hay mucha diferencia entre Mario Bellatín y André Breton, por ejemplo. Como explica Sergio Pitol en El mago de Viena, el vanguardista (tipo Breton, Tzara) forma grupo, lucha por desbancar del canon a los escritores que le precedieron por considerar que sus procedimientos literarios y el manejo del lenguaje son ya obsoletos, y que su obra, la de ellos, dadaístas, surrealistas, es la única y verdaderamente válida. Consideran que su paso adelante depura el canon de los autores que ellos desdeñan. Eso, por lo general, no les sucede a los raros, a los excéntricos (tipo Roussel, Gadda, Kafka), pues ellos no se proponen programas ni estrategias y son reacios a formar grupúsculos. Escriben de la única manera que les exige su instinto (como creen que deben hacerlo y nunca para gustar) y el canon no les estorba ni tratan de transformarlo. Mientras que los vanguardistas son severos y moralistas -por desgracia conozco muchos- y en su lucha contra el canon su escritura se carga de pésimos humores, los raros, en cambio, suelen estar bendecidos por el humor, aunque sea negro; son tan excéntricos que siempre creen que dejaron, ya hace tiempo, de ser raros.

6
Hay raros muy dotados para los aforismos. Ahí va una cita (ni inventada ni manipulada) de Lichtenberg, acreditado hombre de letras raro: "Entre todas las curiosidades que había acumulado en su casa, él mismo acababa siendo la más grande".

willy dijo...

vaya, sin querer has resuelto una curiosidad que tenía hace tiempo, ¿de dónde sacó Robert Quigley el nombre para su proyecto paralelo a los montgolfier brothers? tendré que echarle un ojo

kiriakov dijo...

Sí, yo también sentía esa curiosidad. Ya no recuerdo si leí a Flann O'Brien como un gesto a The Montgolfier Brothers/At Swim-Two-Birds o si fue al revés. Bueno, la culpa la tuvo en gran parte Pitol. Un saludo, Willy.

Anónimo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Diego Zúñiga dijo...

Debo reconocer que sólo conozco a Pitol, Vila-Matas, Hernández, Bernhard y eso, jejeje deberías sumar ahí a Bellatin y a Pedro Lemebel... en fin... saludos. Excelente blog, excelentes autores. Te seguiré leyendo.
Saludos.

kiriakov dijo...

Gracias por interesarte por el blog. Tomaré nota de esos autores excéntricos.

Anónimo dijo...

en un surfeo desprevenido me he encontrado su blog... tomé nota de autores que desconozco... mi aporte son estos seres tan especials en cualquier orden Witold Gombrowicz, Samuel Beckett y Georges Perec