domingo, octubre 14, 2007

Exploradores del abismo

Titula Vila-Matas su última obra, una colección de cuentos sensacionales, cuya obra maestra del ilusionismo es el último relato: "Porque ella no lo pidió", sobre alguien deseoso de convertise en el personaje de una ficción o de convertir a alguien real en un personaje de relatos, o las dos cosas a la vez. Es un relato impresionante sobre cómo desaparecer en la literatura. Un relato de misterio, sobrenatural, de horror y de humor (porque el mejor horror nos da risa, al igual que Polansky se reía con su risa horrorosa sobre las ruinas de su vida).

Miento, no es un relato de horror, o sí, sí que es un relato de horror si un médium es capaz de conseguir materializar un espíritu y, al mismo tiempo, es capaz de convertir en fantasma a un ser real. Vila-Matas es ese médium, es el huésped oculto en la casa de otros, es el asesino de lectores que pasan por la vida creyendo que sus vidas son reales, y es a la vez el asesinado por sus personajes, en un final de novela negra donde todos los personaje son los asesinos, con las notas criminales de la música de Glenn Gould, Thelonious Monk, y Miles Davis, y ahora vive entre las sombras de la literatura, con su vida de fantasma suspendida en la nada. Como Maurice Forest-Meyer, es un equilibrista en la literatura de la vida, un explorador del abismo.

Yo admiro a Vila-Matas porque no conozco a ningún escritor que haya imaginado o creado ese abismo de la manera que él lo hace, pues nadie como él es capaz de conciliar esa negación del mundo con abierta insurrección alegre, de emborracharse de aventuras con sus despojos. Sólo un humor como el suyo es capaz de convertir a todos los enfermos melancólicos y negativos en personajes excéntricos, capaz de asesinar a sus personajes y dejarse asesinar por ellos. El abismo en Vila-Matas no es la densa oscuridad de los nihilistas, ni la risa enferma de gozo al borde del precipicio de los escritores lunáticos, ni el abismo entre la literatura y la realidad que sentía Borges, ni una máquina de horadar la realidad y después carcajearse sobre su pozo negro como Thomas Bernhard; el abismo de Vila-Matas es una puerta falsa que señala el paso entre la locura de la vida real y la alegría de desaparecer de esa misma realidad, el doctor Pasavento que todo psicótico debería llevar dentro. Un ilusionista capaz de subvertir el dolor de los locos como Walser, los delirios sobre la pared ciega de Bartleby, el malditismo de todos los escritores malditos que existen en el mundo remedando las neurosis de Kafka.

A Vila-Matas todo el malditismo le gusta, le encanta y le produce risa, al igual que el satanismo infantil de los surrealistas (que haría reír hasta a Chesterton). Le gusta, y se ríe, y luego escribe, y asesina. Vila-Matas, estás loco, sí. Como diría Jack Lemmon a Walter Mathau, yo seré un neurótico, pero tú estás loco... y me río, y me río, y me río...

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