miércoles, octubre 05, 2005

Matt Elliott y Sebald

Pensé en el comienzo del invierno en las montañas, en el silencio completo y en el deseo que siempre tenía de niño de que todo quedara cubierto de nieve, el pueblo entero y el valle hasta las mayores alturas, y en que entonces me imaginaba como sería cuando en la primavera nos desheláramos y saliéramos del hielo.
Extracto de "Austerlitz" de Sebald


Adentrarse en el terreno poético de Sebald es asistir a una recuperación de un pasado que se resiste a desaparecer, a la memoria de los fantasmas y los muertos, de la barbarie de nuestra arquitectura de la muerte, y la genealogía de los objetos que han pasado del terreno de la historia y del poder al de la naturaleza (de nuestra civilización, pues). Sebald va dotando de voz a todos esos objetos, que comienzan a hablarnos, ya sea a través de otros textos, de fotografías ("Es posible que la fotografía sea la profecía de una memoria social y política todavía por alcanzar" decía John Berger) o directamente. Esta arqueología de la muerte es lo que tiene en común la obra de Sebald con el último disco de Matt Elliott. Un intento de recuperar mediante canciones los lugares de la memoria y cantar de forma colectiva nuestra tragedia, aunque sea sólos en nuestra habitación o ensoñando en una taberna rusa convertida en el teatro de nuestra miseria, hablar de las heridas profundas de los seres humanos, de su historia y de sus ciudades, la memoria de los signos de la devastación enterradas bajo un ruido permanente de imágenes y palabras.





La memoria: "Trying to Explain"

"Vivimos un espacio, pero habitamos una memoria".José Saramago

La última obra de Matt Elliott se aparta del radicalismo sonoro con el que hasta ahora se cuestionaba la capacidad que tiene el lenguaje en la significación del mundo, para crear una obra preciosa, salida en el 2005 de Europa pero que se proyecta hacia otros tiempos, hacia el pasado, y hacia otros lugares, otras tradiciones y culturas. Como en la obra de Sebald, intenta crear una obra que sea temporal y atemporal al mismo tiempo, que sea local y universal a la vez, y que nos hable sobre la necesidad de cantar y de narrar cuando las cosas significan tantas cosas y ya no significan nada, buscando ese vínculo con el lenguaje, con las palabras, con la memoria.


El espacio: "The Guilty Party", "Whats Wrong"

"El espacio se doblega con la reja y el muro".Adonis

Fronteras y culturas próximas y extrañas. Lamentos tabernarios y funerarios que se nutren de la tradición musical de los balcanes y de la música gitana. Una apropiación de una tradición local que deviene universal, al igual que ocurre con la música de Robert Wyatt o con la de Mark Hollis. Canciones para cogorzas, que en su raíz o etimología nos sugiere la idea de confortar, es decir animar, alentar, consolar al afligido. Lo que ocurre en muchas tradiciones donde las ceremonias se celebran con canciones y una borrachera, sobre todo en los balcanes (como recordarán los que hayan visto algunas películas de Kusturica y la banda de bodas y funerales que las acompaña). El tono elegíaco y festivo con el que lamentamos nuestra condición de extranjeros y exiliados entre los muros, fortificaciones y rejas de este mundo, donde todos somos emigrantes en ese país que es la muerte.


La historia: "The Kursk", "What the Fuck am I Doing on this Battlefield?", "A Waste of Blood"

"No hay obra de arte que no sea a la vez un documento de barbarie", es una de las frases más citadas de Walter Benjamin. Documentar la historia de los hombres que murieron enterrados en el mar (como los del submarino Kursk), sobre las víctimas de la guerra, sobre los seres enterrados en sus ciudades, bajo los muros y las rejas, en guetos, en campos de concentración o barrios miserables, trazar las huellas de dolor que atraviesan la historia. En la música de Matt Elliott, como en las novelas de Sebald, los objetos hablan en la medida en que la historia se silencia. Como el pueblo subacuático de Llanwddyn, habitado por fantasmas en la novela Austerlitz. O en otras historias que nos testimoniaron aquellos que nos hablaron de su tragedia de vivir en este mundo: los personajes y bestiarios de clásicos como Kafka y otros desconocidos, o los personajes de Joseph Roth que se hunden en el fondo del mar por su "insaciable amor a los corales", o el fantástico mundo adolescente de Archimboldi, el personaje de la obra póstuma de Bolaño, y "su prolongada caída hacia el fondo del mar en donde todo, los árboles, la hierba, los pantanos, los animales, los cercados, se transformaban en insectos marinos o en crustáceos, en vida suspendida y ajena, en estrellas de mar y en arañas de mar". La historia como intersección entre la memoria y el espacio, el tiempo y el deseo, donde todo es relativo y por eso mismo, posible. Historias unidas a lugares y objetos, que no tienen capacidad para recordar, no son oídas, descritas ni transmitidas por nadie, aunque las hayamos oído muchas veces: las ciudades invisibles de Italo Calvino, la enciclopedia de los muertos de Danilo Kis, la luna y las hogueras de Cesare Pavese, etc.

El arte en Matt Elliott: "The Maid We Messed"

Como una espiral o una galería de espejos, el eco de las voces que no proceden de ningun tiempo, va extinguiéndose esta obra llamada Drinking Songs. Como decía Toni Negri, antes de convertir su poética Spinoziana en una Ley del Imperio, años antes, en su retiro en la cárcel, "El arte es el antimercado en tanto que pone la multitud de las singularidades contra la unicidad convertida en precio". En Drinking Songs canta Matt Elliott y no canta nadie, hablan los muertos lo que los vivos callan u olvidan, buscan expresarse en una lengua que desapareció con ellos. Siguiendo con Negri y su filosofía del Arte y la Multitud, Matt Elliott sería símbolo del artista comprometido con lo bello, el símbolo de la subversión realizada y de la libertad liberada. Todo eso es Drinking Songs. Hace una semana que la oí por primera vez, y parece un ruido de olas cabalgando en el mar de mi vida.




6 comentarios:

siloam dijo...

"y parece un ruido de olas cabalgando en el mar de mi vida."

uff, que bello, que verdad. Ra_ro me metió el gusanillo de es edisco y tú ya sacas mariposas revoloteando en la memoria, mariposas nabokonianas.
chapeu, lo referido y el texto "referidor".

el número cinco. dijo...

Animo con tu blogger....

...desde las rías baixas....

kiriakov dijo...

Qué emocionante! EL ídolo de nuestra adolescencia, el macarrilla dirigiendo con chulería su coche de tope en la feria de Marín, se acerca a mi bitácora. Un beso desde Sevilla

Anónimo dijo...

Great work!
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Anónimo dijo...

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Felipe Cona dijo...

Este disco es mi favorito de los tres de Elliott. Banda sonora para releer Crimen y Castigo. Gracias por este comentario, pues me hay autores que la verdad no conozco pero que me gustaría conocer dadas las relaciones establecidas en tu texto.