sábado, julio 23, 2005

Vineland

Estados Unidos. Ciudad de Los Ángeles. Años 60. En California, gobierna el exactor Ronald Reagan y los estadounidenses se curan el ansia de la Guerra Fría, la amenaza nuclear, las pesadillas rojas y los misiles de Castro viendo los shows televisivos de la noche. Mientras, en los subterráneos, como salidos de las vainas de la invasión de los ladrones de cuerpos, los hijos del sueño americano son poseídos, en una mala pesadilla de ciencia ficción, por el virus y sudor de los beatniks y de la contracultura, arrojándose a lo maligno y a la drogadicción, experimentando con LSD, y pervirtíéndose en comunas hippies, mediante el amor libre y la música psicodélica... Además las calles humeantes de las carreras de los huelguistas y los policías, las pelotas de goma y la lucha negra de los Panteras Negras y la Nación del Islam amenazan un incendio. Y las balas de Texas aún no han derribado al Presidente amigo de los negros y de los rojos (algo menos para los gaseados con Napalm en Vietnam). Norteamérica se tambalea.

Estados Unidos. Ciudad de los Ángeles. Años 80. En Estados Unidos gobierna el exactor y exgobernador de California Ronald Reagan. Zoyd Wheeler, exhippie, cobra cheques mensuales haciéndose pasar por discapacitado mental (en realidad, padece personalidad desfenestrativa, es decir, necesidad de saltar a través de los cristales de las ventanas).

Con este personaje comienza su novela Thomas Pynchon. Una novela sobre Los Ángeles en los sesenta pero ambientada en los ochenta cuando el sueño hippie ha acabado en campamentos de reeducación. EL fin del sueño comunitario. Del sexo (libre), drogas (psicodélicas, principalmente LSD) y Rock'n'roll (la música psicodélica en este caso) se pasó en los ochenta, como dirían La Polla Records, al "herpes, talco y tecnopop". Son los maravillosos años ochenta: los de Ronald Reagan, los enganchados a la heroína, la cienciología, la New Age, la MTV... de los Black Panthers a Michael Jackson y los anuncios de Pepsi Cola.

La ciencia ficción como el espejo oscuro de una sociedad en el futuro es una de las constantes tanto en el cine como en la literatura. La ciudad como antimito recorre una parte del arte de los Estados Unidos como en el caso de la novela negra de Raymond Chandler The Big Sleep, y llevada luego al cine y suavizada por Howard Hawks, o algunos relatos de William Faulkner, de Nathanael West y, más tarde, de John Fante, Charles Bukowski o el escritor negro Chester Himes entre otros. Desde los setenta podemos seguir el rastro maloliente de Los Ángeles en la película de Polansky Chinatown, o en esa sociedad futurista creada por Philip K. Dick llamada Do Androids Dream of Electric Sheep? o más conocida, por su adaptación al cine, como Blade Runner. Y Los Ángeles y California también como escenario donde los artistas muestran los Estados Unidos en los últimos años. La ciudad como pesadilla, como enfermedad o como una mala digestión de comida basura evacuando en las cloacas de las relaciones sociales. La propia industria de Hollywood produce comedias amargas en los noventa como las extraordinarias Boogie Nights y Magnolia de Paul Thomas Anderson, The Big Lebowsky de los hermanos Coen (el personaje de "El Nota" interpretado por Jeff Bridges recuerda mucho al Zoyd Wheeler de Vineland) , o American Beauty de Sam Mendes, películas inclasificables como Mulholand Drive de David Lynch, o películas de Robert Altman como The Player o Short Cuts (ésta basada en relatos de Raymond Carver) o LA Confidencial basada en El Cuarteto de los Ángeles del escritor posnegro James Ellroy. El escritor fantasma Thomas Pynchon, al igual que han hecho otros escritores y cineastas estadounidenses para la ciudad de Nueva York (como Don Delillo, E.L. Doctorow o, en el cine, el primer Scorsese o las comedias de Woody Allen), ha dibujado con su imaginación una ciudad esperpéntica llena con los despojos de los fracasados del espíritu del 68.

Los Ángeles, como la ciudad de cuarzo de la que habla en su libro Mike Davis (City of Quartz, existe traducción española en la editorial Lengua de Trapo, os recomiendo que la leáis).Planificada como una ciudad orientada al nuevo mercado global y como una fortaleza que nos proteja de los marginados, los delincuentes negros, los vendedores de crack y de los psicópatas y asesinos en serie. Áreas residenciales con autovías, centros comerciales, restaurantes de comida rápida, campos de golf, cabañas de motel, y viviendas unifamiliares en serie con servicios privados de policía, recogida de basuras, guarderías y televisión por cable... la especulación inmobiliaria y los edificios posmodernos de Frank Gehry, Disneylandia y parques especializados en la violencia... una visión distópica de Los Ángeles posliberal.Todo eso es Vineland: una novela futurista sobre el pasado. Menos mal que sabemos que las novelas de ciencia ficción futuristas muchas veces se equivocan.

1 comentario:

tremolo man dijo...

Leí y disfruté hace poco de esta novela, que me parece idonea para adentrarse en Mondo-Pynchon. Mi primer contacto con este escritor fué El Arcoiris de Gravedad y bueno, me pareció demasiado heavy para un no-iniciado