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Mostrando las entradas con la etiqueta Música

El traje de los domingos

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"Hay que viajar para descubrir, con los propios ojos que el mundo es muy pequeño, y por tanto que es absolutamente necesario hacer un esfuerzo para dignificar la visión hasta llegar a ver las cosas en grande" J. Pla A Vainica Doble se les perdona todo. Es el grupo de lo políticamente correcto desde que poperos y petardos impusieron el dogma de su genialidad. Su trayectoria parece blindada de cualquier opinión negativa o prejuicio. Son modernas, irónicas, descreídas, una rara especie en el paisaje del franquismo y posfranquismo. El eslabón o punto de encuentro entre los cantautores y los grupos pop. La seriedad del mundo adulto les produce risa. Ellas prefieren habitar el submundo extraño de los animales y niños (cuando no son juzgados o vistos desde la perspectiva de los adultos), en un antiuniverso donde podrían convivir los cronopios de Cortázar, los macabros dibujos de Edward Gorey, el protagonista de Ferdydurke, los poemas de Gloria Fuertes, o los antipoemas de Nicanor Pa...

Misterios de América

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Porque la caratula y el título del disco recuerdan al comienzo de Terciopelo azul de David Lynch, y porque Anna Domino es mi cantante favorita para sonar en cualquier película de Lynch. Simplemente por eso, cada vez que oigo Mysteries of America, un disco de canciones de amor, me pregunto por qué se me ocurre pensar que sería la banda sonora perfecta para una película de sexo morboso y terror psicópata. Terciopelo azul (Blue Velvet, 1986) es una de las mayores mascaradas firmadas por David Lynch, en la que bajo la apariencia de thriller, se representa otra historia repleta de humor negro, y con una ironía tan manifiesta (esos diálogos de enamorados, la descripción hecha a trazos vastos del psicópata Dennis Hopper -con su máscarilla de oxígeno, su bourbon, su complejo de Edipo, y toda su mala hostia-) , pero cuyo mayor acierto es que esa ironía está hecha para pasar inadvertida para los espectadores (vamos, no me vayáis a decir que os habíais creído que todo eso iba en serio). Funciona ...

Gracias por no leer

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Cuando a finales del año pasado salió Zebra, el tercer disco largo de Anari, recordé lo que nos enseñan los documentales de la 2 sobre las rayas de las cebras, que tienen como finalidad descomponer su silueta contra el horizonte, confundiendo a los depredadores. Creí probable que sirviera como metáfora de esta chica acostumbrada a mostrar en entrevistas cierto distanciamiento al verse caricaturiza con trazos gruesos a causa de las categorías naturales o a las proximidades accidentales que comparte (ser mujer, compositora o cantautora, vasca, y que se expresa en lengua euskera), y cierto temor a que las canciones queden encerradas o cartografiadas en otros mapas del mundo, heridas al tacto, como una mariposa, al recorrer con los dedos la piel de las canciones. Hasta los intentos de evitar esos lugares comunes produce cierta incomodidad: Cantautora ajena a los clichés , o cantautora Rock, Vasca conjugando Tradición y Modernidad , Compromiso estético ... No me extrañaría que Anari t...

Dongs of sevotion

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"la música no te salvará de nada salvo del silencio" PIANO MAGIC He seleccionado de mi discoteca a cuatro de mis artistas favoritos: Mark Hollis, Mark Kozelek, Matt Ward y Matt Elliott, con la intención de compartir mi devoción mariana por ellos. ¿Y qué tienen en común? Bueno, además de ser dos Mark y dos Matt (lo cual no tiene importancia, aunque hayan podido influir de forma inconsciente en esta reunión), tienen en común que deleitarán a aquellas naturalezas melancólicas que se solazan en los días grises de invierno (al igual que otros en una mañana de verano en la playa), asistiendo a desnudas ceremonias de silencio, que no se atemorizan cuando ven a los pájaros de la muerte sobrevolar las canciones de Nick Drake, ni cuando oyen las alimañas en la noche en las canciones de Jason Molina, ni se deprimen escuchando las patéticas historias de incestos, asesinatos y monstruos de Will Oldham o Nick Cave, o de mi adorado Bill Callaham de Smog (al que le he pedido prestado...

Matt Elliott y Sebald

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Pensé en el comienzo del invierno en las montañas, en el silencio completo y en el deseo que siempre tenía de niño de que todo quedara cubierto de nieve, el pueblo entero y el valle hasta las mayores alturas, y en que entonces me imaginaba como sería cuando en la primavera nos desheláramos y saliéramos del hielo. Extracto de "Austerlitz" de Sebald Adentrarse en el terreno poético de Sebald es asistir a una recuperación de un pasado que se resiste a desaparecer, a la memoria de los fantasmas y los muertos, de la barbarie de nuestra arquitectura de la muerte, y la genealogía de los objetos que han pasado del terreno de la historia y del poder al de la naturaleza (de nuestra civilización, pues). Sebald va dotando de voz a todos esos objetos, que comienzan a hablarnos, ya sea a través de otros textos, de fotografías ("Es posible que la fotografía sea la profecía de una memoria social y política todavía por alcanzar" decía John Berger) o directamente. Esta arqueología ...

Una temporada en el infierno

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Esto es un homenaje a grandes músicos y discos que surgieron de la mente de personas al borde de locura. No pretendo hacer apología del artista atormentado ni faltar el respeto hurgando en las enfermedades de esas personas. Sólo quiero rendir un homenaje a esos discos que, de forma fingida o no, nacieron de la locura. Alexander "Skip" Spence merodeaba el ambiente folk de Bahía Arena de San Francisco. Dio testimonio de esta escena psicodélica con Jefferson Airplane (en los primeros pasos del grupo) y Moby Grape. El speed y la esquizofrenia imprimieron su fatal huella en la mente del músico, y acabó atacando con un hacha a sus compañeros de grupo. El disco (magnífico): Oar , de 1969, grabado en Nashville, meses después de estar encarcelado en el hospital Bellevue para enfermos mentales de Nueva York. Él acababa de morir cuando se reeditaba treinta años después esta banda sonora de la esquizofrenia habitada por ángeles y demonios. Syd Barrett. El cantante, guitarrista y composit...

Los campos magnéticos

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Vivir de música es una impostura en la que creo. Alguien escribe en la mesa de al lado. Vigila nuestras conversaciones y gestos, escenas representadas entre quejidos de humo y botellas. Traduciéndonos, ebrio de canciones, como haikus tejidos con las caricias y heridas del amor. 69 canciones que hurgan en la piel enferma del amor, descendiendo hacia las miserias de nuestro cuerpo como un edificio de sesenta y nueve plantas sin ascensor. Una vida alimentada por dos ficciones: las canciones y el amor. Que la distancia entre nuestra vida y la vida real se antoje cada día más ancha sólo puede ser beneficioso. La atracción o repulsión entre dos seres no sustentada bajo la Ley de la belleza, un capital que dilapidamos casi al nacer, ni siquiera en ese conjunto de rasgos personales que algunos llaman la belleza interior, pero que sólo es una frontera hecha de frases, de imposturas y de juegos, sino la Ley del amor como campo de batalla de los cuerpos, el amor como medio de dominación, la vi...

American Music Club

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"The California sun always shine but San Francisco is a cold place" Mark Eitzel formó en San Francisco el Club de la Música Americana (o yanqui si os dan reparo las sinécdoques imperialistas) a mediados de los ochenta. Entonces gobernaba en la Casa Blanca Ronald Reagan (antes de los dos Bush y de Clinton), y al bueno de Mark no se le ocurría otra cosa que celebrar los éxitos de la política exterior, los milagros de la economía y el Día de la Patria saboreando la amargura de los licores de alta graduación y la amargura de escribir canciones. Vamos, un exiliado en su país. Entonces lo que se cocía musicalmente en los Estados Unidos entre las clases medias blancas menos patriotas era el sonido duro del hardcore punk, o el garaje punk, o el noise (incluso Mark Eitzel tenía su banda: The Naked Skinnies), que se repartían en sellos independientes como SST (Black Flag, Bad Brains, Hüsker Dü, Sonic Youth, Dinosaur Jr., Descendents, Meat Puppets, Minutemen...), Dischord (Minor Threat ...

Scott Walker

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Quiero hablaros de un disco: el tercero que grabó Scott Walker en solitario, tras sus aventuras en los Walker Brothers. Oí hablar de él como muchos de vosotros por los elogios de muchos artistas ingleses en los ochenta y a comienzos de los noventa, de gente como Marc Almond, Julian Cope (Teardrop Explodes), Jarvis Cocker (de Pulp) o Neil Hannon (The Divine Comedy) , que intentaron dotar a la música pop de un sentido de mayor teatralidad. Luego oí a un Scott Walker ya mayor, aunque recuperado para los críticos con su disco Tilt , en una canción para la película Toxic Affair , en colaboración con Goran Bregovic. Así que cuando me hice con su tercer disco, grabado en 1969, confiaba en que iría llenando mi tiempo con su voz de crooner, su orquestación elegante, casi cinematográfica, sus querencias por Jacques Brel, y con sus canciones pop que hablaban de amantes, del dulce sabor de los besos en verano, de ciudades luminosas, que invitaban a cambiar mis discos de The Divine Comedy por unos ...